lunes, 18 de junio de 2007

En busca del mentiroso intelectualoide

Hoy me gustaría comentar un hecho singular de los gafaplastas: su admiración desmedida por dos de los libros más aborrecibles perpetrados por mente alguna, Ulises de James Joyce y En busca del tiempo perdido de Marcel Proust (pronunciese como Pús).

Estos dos libros son considerados como cumbres de la literatura y dieron paso a la edad adulta de la novela. Sin embargo pocos son los que han leído estas obras de cabo a rabo para poder apoyar esta afirmación. Por mi parte, sólo aguante trescientas páginas del primero y poco más de cuatrocientas del segundo. Y prefiero que me arranquen las pelotas, fabriquen un consolador con ellas y me lo introduzcan por el ano hasta su total desgarramiento antes de tener que leerlos de nuevo.

Me hace mucha gracia las discusiones acerca del mensaje transmitido por los autores y su calidad literaria. También me deja perplejo las discrepancias sobre cual es la mejor tradución y si la obra de Pús debe traducirse como A la busca de ... o En busca de ... Acojonante. Lo mejor es que la mayoría de los tertualianos parecían los tipos de Salsa Rosa debatiendo sobre como se ejecuta el rito zulú de casamiento.


La obra de James Joyce es una pretenciosa novela que cuenta un día, el 16 de Junio de 1904. El autor se sacó de la manga un papelito en donde relacionaba los diferentes capítulos con diferentes personajes y situaciones de La odisea para justificar el título. De lo que no se percató es de la verdadera odisea del lector al enfrentarse a esa obra en que cada capítulo está escrito siguiendo una técnica diferente pero con un nexo común: no se entiende nada, ni el pijo.

Hay que señalar que se considera a Joyce y a Proust los padres de la novela junto con Kafka. Me parece injusto. Las novelas y cuentos de Kafka son intelegibles pero sus hechos son los que nos causan extrañeza, no como los dos primeros, a los que o no se entiende o nos abruman con mil estupideces.

Joyce, pues nos hace acompañarle en una aventura insulsa en la que lo poco que pasa te lo tienes que imaginar por que las metáforas (increíblemente bellas, eso sí) que emplea el irlandés son desquiciantes. Es como ver una película iraní sin subtitulos: las imágenes son bellísimas, pero lo que cuenta es aburrido, carente de interés y no te enteras de nada (conversación típica ante pelí irañí: "No dormía también desde que probé una cama de látex en el corté francés").

La segunda propuesta, En busca del tiempo perdido, es algo más accesible, pero no deja de ser la cursi historia de un niño repipi, en la que se mezclan elementos de sordidez que , imaginaros como de aburrido estará narrado, no consigue levantar el interés. Cuando en la peícula Little Miss Sunshine, el tío, que acaba de salir del psiquiátrico se proclama el mayor experto en Proust, lo que nos quiere decir es que se ha quedado tocado de tanta paja mental francesa.

Creo a bien considerar este libro como el mayor ejemplo de chovinismo por parte de nuestros vecinos del norte. Es un libro completamente gabacho: recargado, puro efectismo pero vacío y, para más inri, es una biografía mutada del autor. Es mutada por que Prosut era homosexual en una época en donde no sería bien recibida una obra sobre las fantasías y obsesiones de un homosexual (que es lo que es el libro). Lo único bueno que ha proporcionado este autor es el haber dado nombre al mono de Ross en Friends (In the jungle, the mighty jungle...)

Algo que me gustaría subrayar es como se les llena la boca a los gafaplastas a la hora de hablar de las innovaciones estilístas de uno, o el desgarrado e hiperrealista relato del otro. La verdad es que de lo que se les llena la boca es de su semen mental tras tanta paja idem.

No os dejeis engañar, nuestros amigos los gafaplastas son amigos de la sobrevaloración (¿acaso no son ellos víctimas de ese fenómeno?) y no hay obras tan sobrevaloradas (aunque personalmente, el Quijote no me parece tan gran obra como se nos vende) como estas dos que hoy he reseñado. Para terminar os dejo una noticia un tanto curiosa sobre un profesor de Literatura que ha publicado un libro que enseña a hablar de un libro sin haberlo leído. Creo que escucho una manada de gafaplastas corriendo a las librerías...

Me hubiera gustado publicar el post el sábado por aquello de sel el Bloomsday pero los compromisos sociales pudieron con uno.

1 comentario:

JAIME CID dijo...

He de apuntar que ante la imposibilidad burocrático legal de erradicar de forma absoluta a los mencionados gafaplastasde la faz de la tierra; al menos se debiera prohibir universalmente y de forma rotunda la eyaculación mental en cualquiera de sus formas, por resultar una soberana pérdida de tiempo, para uno y en extensión del tiempo de los demás.