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domingo, 26 de septiembre de 2010

Yo para ser feliz quiero una nación

De vuelta para comentar ciertos aspectos de la semana que se avecina con esa huelga general que de seguir los servicios mínimos solicitados por el ministerio y demás estatutos nacionales sería una pausa para el cigarro.

Me hizo gracia en su día la fecha elegida puesto que a finales de Septiembre la huelga no hace tanto daño como a principios cancelando vuelos, trenes, cerrando gasolineras, con solo una taquilla de peaje. Se hubiera cre3ado un superatasco tal que ni lo chinos y sus congestiones de 90 kilometros en la M-30 pekinesa. Pero claro, cuando uno se pone a meditar quienes son los responsables de decidir las fechas así como las reclamaciones que se han de hacer al gobierno pues como que todo queda aclarado. En estos tiempos no debemos considerar a los grandes sindicatos como la herramienta que conseguirá mejoras para el trabajador puesto que hace ya yiempo que se han convertido en la voz de su amo, un gobierno que sigue meando encima nuestra y no solo dice que es lluvia sino que incluso intentat convernernos de que es Sunny Delight.

Una huelga general de un día lo único que hace es que la gente aproveche y se vaya al monte o a visitar algún sitio bonito. Será por ser gallego, pero para mi la huelga es ir a Portugal a dar una vuelta por el mercadillo. Y eso es por que la gente hace tiempo que ha aceptado que los politicastro y gentuza de medio pelo que gobiernan (desde alcalde a presidente europeos y mierdas varias) van a hacer lo que les salga de la punta del mismísimo cimbel aunque salgamos a la calle con el puño en alto y nuestras soflamas proletarias. Dejémonos de milongas: la única solución es sitiar sus urbanizaciones y llevarles toneladas de mierda a sus puertas para que puedan recibir todo lo que han sembrado.

Por mi parte, pienso pasar el día viendo películas de Charles Bronson y Chuck Norris para poder comprender de donde viene ese odio a todo aquel que quiera reivindicar sus derechos.

martes, 22 de mayo de 2007

El terror intangible

Estoy releyendo un libro que recoge los mitos de Cthulhu en el que se recogen textos de diferentes autores que orbitan alrededor de H.P. Lovecraft. Encontrandonos inmersos en la campaña electoral, no me tranquiliza el pensar en que aquello que describía el escritor norteamericano sobre el terror se puede aplicar a lo que provocan nuestros políticos. Ese miedo intangible, esa sensación como ácido de bateria en la boca, ese temblor incontrolado que provoca la sola visión de los dioses ancestrales que pueblan los mitos es similar a la reacción que producen ciertos mortales.

Para ilustrar mi comentario citaré unas palabras del libro "El signo amarillo" de R.W. Chambers, autor importante en la formación literaria de Lovecraft: "tenía una cara fría y pulposa, de esas que dá asco tocarlas"; "No sé qué fue lo que me resulto desagradable en ese hombre, pero tan intensa y nauseabunda fue la impresión de un gusano de cárcava, gordo y blancuzco,..." (1). ¿Acaso no se puede aplicar esto a las sensaciones que uno tiene en cuanto un politicastro aparece en la TV o la prensa?

Menos mal que la campaña acaba dentro de una semana por que no podría aguantar más tiempo. Y lo peor es que otra vez tendremos que elegir entre el menos malo de los candidatos. Por que este país es un país de ciego y el que más ciego va el es el rey.

(1)- Robert W. Cambers; El signo amarillo; tradución de Francisco Torres Oliver. Edición de Rafael LLopis. Los mitos de Cthulhu, H.P.Lovecraft y otros. Alianza Editorial, Colección Biblioteca de Fantasia y Terror.