Mostrando entradas con la etiqueta ciudadano ejemplar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudadano ejemplar. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de diciembre de 2007

El Papa Negro

Últimamente no paro mucho por aquí, y no se bien la razón. Tengo ganas de comentar muchas cosas (la tercera temoporada de Weeds, por ejemplo) pero mi mente no está por la labor. Si ahora me pongo a escribir esto es por no acabar bajo toneladas de excrementos mental.

No tengo nada que contar y tengo mucho que decir, o al revés, o igual no, yo qué sé. He cumplido mi primera semana de trabajo, en una pequeña productora (tan pequeña que sólo estamos el jefe, su mujer y yo) pero no tengo horario y tengo libertad total a la hora de montar los videos. Pero tampoco me apetece hablar mucho de ello y si lo pongo, es por informar.

Y no creais que en estas semanas no se me han ocurrido comentarios. Algunos crecían en mi mente y se estructuraban de forma completa mientras iba de camino al trabajo o al volver de él. Pero no tengo ganas. Estoy bajo los efectos de la desidia, una amiga, un quiste, una hermana siamesa que siempre ha estado pegada a mí. Y lo peor de todo no es el efecto que provoca sino que lo único que me reconforta son dos fotos que le hice al Papa hace ya unos lustros.

Cuando JuanPaaún era un mozo polaco robusto aunque un poco temblón tuvo a bien beatificar a la fundadora de la congregación a la que pertenecía mi colegio. Con ello surgió la oportunidad de un viaje en autobús hasta Roma para ir a la misa y esas chorradas. Ya en el Vaticano, se celebró una misa para los de nuestra congregación oficiada por JuanPa. Allí le tiré una de las fotos y, recurriendo al tópico, todo comenzó.

¿Qué comenzó? Una suerte de maldición que me mantiene casto y puro a pesar de mis infructuosos intentos de romper el maleficio que contra mi persona emitió el Brujo Católico. Alguno os estareís preguntando que como fué posible quie esto se produjera, la solución es que, en un arrebato adolescente, la chavalada de mi colegio nos abalanzamos sobre SuSan(tidad) para chocarle la mano cual si se tratara de Kurt Cobain redivivo. Y fue en ese preciso momento en el que mi mano derecha, ya por entonces pecadora, entró en contacto con la suya. Sólo recuerdo que un leve hormigueo recorrió mi cuerpo, desde la punta del dedo corazón de la mano derecha, hasta el dedo meñique del pie izquierdo. En aquel momento, el pardillo que un día fuí y que sigo siendo no se percató de lo que había pasado. Y lo que había pasado es que el muy cabrón me había ungido, su predecesores cuando elegían a un campesino o un pescador para que levantara una iglesia en Antioquía o en las fuentes del Nilo azul.

Aquel simple gesto, dos manos que apenas se rozan, como si se tratara de un mano frente al reflejo inalcanzable, me convirtió en un pobre demonio cristiano anti-eclesiástico que algun día aceptará su destino y llevará a la Iglesia de Roma hasta su victoria final. Me convertiré, pues, en el Papa Negro que profetizó Nostradamus y el fin de los tiempos estará muy cerca. Por si JuanPa me eligió para que liderara a los ejércitos de Jerusalem contra las hordas heréticas la cosa pinta muy mal.

jueves, 7 de junio de 2007

Un caradura


Leo hoy que el señor Al Gore ha recibido el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional por todo el rollo de salvar al planeta del calentamiento global. Me parece muy bien. Lo que no me parece tan bien es que nadie se acuerde que este personaje tuvo poder suficiente durante 8 años para poder liderar una auténtica revolución ecológica desde el gobierno de los EE.UU. Es más, suya era la misión de ratificar el Protocolo de Kyoto por parte de los USofA y no lo hizo. ¿Y ahora viene dándonos lecciones de buenrollismo ecológico? No me joda señor Gore, que no es usted mi tipo.

Al señor Gore habría que recordarle que durante el mandato de Bill Clinton en el que él fue vicepresidente saboteó el Protocolo de Kyoto al insistir en que las tierras de cultivo y los bosques se contaran en el porcentaje de reducción de emisiones, mientras que el acuerdo buscaba una reducción significtiva de la emisión de dióxido de carbono.
Aceleraron las prospecciones de gas y petróleo en tierras de propiedad federal a un ritmo que igualaba e incluso superaba el nivel de producción de la era Reagan. Y eso que fue una época sin crisis energéticas.
Aprobaron la venta de un terreno petrolífero en California, lo que constituía el mayor acuerdo de privatización en la historia de EE.UU., a la vez que abrió la Reserva Nacional de Alaska a las prospecciones petrolíferas (Bush sólo continuó con la labor).
Y el señor Clinton, fue el primer presidente desde Richard Nixon que no ha obligado a los fabricantes de coches a reducir el consumo de gasolina.
Todos estos datos están sacados del libro "Estúpidos hombres blancos", de Michael Moore.

El señor Gore nunca protestó por que se estaba ultrajando a la naturaleza que tanto ama. Si habeis visto su documental Una verdad incómoda, os fijaríais en como pasa de largo en lo del aumento de emisiones de dióxido de carbomo en el período 1993-2001 en el que el fue vicepresidente. No dice en ningún momento: uno de los máximos responsables de que esto ocurriera, fuí yo. No, el nos echa la culpa a nosotros, como todo buen político. La culpa es del ciudadano, cuyo único poder es el voto, que ejerce cada cuatro años y punto. Nosotros no podemos poner multas a las compañías que contaminen, ni crear un sistema eficaz de recojida de residuos (no querais saber donde acaban las bolsas que con tanto esmero preparais, separando residuos), no podemos denegar el permiso de construcción en un paraje protegido. No, nosotros somos ciudadanos y les otorgamos el poder a ellos para que hagan lo mejor para nosotros.

No sé si seré un romántico, por creer que los políticos son personas. sólo sé una cosa, si empiezan a despreocuparse de la gente, acabaremos poniendoles bombas, y no para reclamar la independencia de tal o cual territorio, sino por que se lo merecen. Prefiero tener un hijo violador que político; el violador puede joderle la vida a unas cuantas persoanas, el político le va a joder la vida a toda las personas que pueda.

viernes, 4 de mayo de 2007

¿Qué me pasa, doctor?

Ayer fui al psiquiatra. Le comenté que creo que soy esquizofrénico o algo así. Oigo voces en mi cabeza que me susurran cosas malas, veo alucinaciones y tengo una extraña sensación de que mi vida es controlada por seres superiores. "Tengo miedo y no se que hacer", le dije. Me miró con esa cara de frontón que ponen los loqueros y me invitó a que continuara con la perorata. "Y creo que sufro un trastorno de múltiple personalidad". Si a veces me pregunto si soy de izquierdas o de derechas o de centro o estoy en un rincón, castigado con los brazos en cruz. "Aparte de esto, cada día estoy más apático, ¿no será depresión? Por que siento que no tengo fuerzas para nada".

El doctor me miró y cambió ligeramente su expresión. Su cara tomo un rictus parecido al de Carlos Sobera cuando espera a que el concursante diga su opción. Sí, esa mezcla entre tensión por la espera y disimulo, que transmite sólo una cosa: si no me pagaran, y bien, por hacer esto, los caretos los iba aponer su madre.

Tras unos segundos de incertidumbre, el doctor me pidió que relatara como era mi vida un día cualquiera. "Oh, eso es fácil. Me levanto; me ducho; desayuno; trasteo en internet; veo algún capítulo de alguna serie yanqui; como; veo más capítulos o alguna película; quedo con algún amigo; ceno; más películas y series; leo un rato y me acuesto. Esto es así de lunes a viernes, pura rutina". Entonces la cara del doctor se iluminó. Una extraña sonrisa surgió en ella. "Bien, problema resuelto. No le pasa nada. Sólo es un ciudadano NORMAL".

Si amigos, hoy en día ser normal es todo esto y más. Cuando tenga que pagar una hipoteca, sacar adelante a una familia y pagar mis impuestos todos estos síntomas se agudizarán. Aparecerá la oligofrenia y la alienación. Pero es aquí cuando surge también lo bueno, cuando el ciudadano de a pie se eleva sobre la masa y reclama su puesto. Entonces, y no antes, será cuando mis semejantes me respetarán, incluso puede que me den un premio, o me dediquen una calle. Me convertiré en uno de esos faros de la sociedad y la opinión pública. Una máquina de decir sandeces y perogrulladas, pero las esconderé bajo un lenguaje frlorido y pomposo que haga sentirse al ciudadano medio un ser inferior. Es un buen futuro. Porque cuando sea mayor, quiero ser un ciudadano ejemplar.