miércoles, 26 de mayo de 2010

Bien hallados

Retomo transitoriamente la actividad de este vuestro blog amigo para comentar el fenómeno más grande de los últimos años: el final de Lost. Avisados quedáis de spoilers y mierdas varias así como ciertos insultos gratuitos dirigidos a diferentes personas.

Lo primero es la valoración breve: el final no solo me gustó sino que me parece perfecto, salvo por un detalle: Kate debía morir de forma cruel, dolorosa y gratuita (se me ocurre la de morir empalada por una caña de bambú al girarse para ver a Jack cuando se despiden, por poner un ejemplo). Por lo demás me ha emocionado como solo las grandes obras pueden hacerlo: desde el corazón de los personajes, lo verdaderamente importante de esta serie. Y es aquí cuando abro la lista de insultos para aquellos que se hacen llamar fanes (y con feces) y que califican el final como un truñaco o algo peor. Me producen lástima pues han perdido seis años de sus vidas detrás de algo que nunca fue lo que ellos creían. Lost ha sido, fue y será una de las más grandes series sobre personajes de la historia. Sólo la fuerza de estos personajes hizo posible que siguiéramos aguantando la serie tras cada nueva pirueta (siendo suaves) de los guionistas.

Es Lost una de las obras más grandes obras acerca de la redención y de la vida (y por consiguiente de la muerte) que hemos podido disfrutar y al igual que otra gran serie que investigaba los mismos territorios, Six feet under, es un culebrón donde los personajes son la excusa real para no abandonar el barco. Como dejar de ver una serie que posee unos personajes con la fuerza de John Locke, Benjamin Linus o Desmond Hume.

Han sido seis temporadas donde hemos sincronizado nuestras emociones con las de estos personajes hasta el punto de sentir cierto fastidio, como ellos, cuando algunas preguntas no eran respondidas. Y esto ha sido así hasta que en el último episodio han (hemos) comprendido que las respuestas no importan sino el camino que lleva a conjurar la pregunta.

También quiero dejar aquí constancia de que la serie no me parece la historia de una isla, ni de un grupo de supervivientes de una catástrofe aérea. Lost es la historia de un ataúd vacío que será ocupado por un hijo en busca de la redención de su padre (tema presente ya en Star Trek de J.J. Abrams).

Así que a todos los que se han sentido defraudados. lo siento por vosotros, por estar tan muertos en vuestro interior.

Y a los responsables de todo esto, solamente darles las gracias. Es lo mínimo que puedes hacer para con alguien que te ha dado la oportunidad de llenar tu vida con algo tan grande.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Autopormoción

Si lo hace la Ana Rosa o la Susana Griso yo también puedo hacerlo. Os dejo aquí el trailer de la serie que estuvimos grabando durante este año. Esperamos subir los capítulos en breve para que los disfrutéis, pero no queremos eclipsar la última temporada de Perdidos, por lo que esperaremos un poquito todavía.




Fluya la bílis, dijo mi vesícula

Cómo quiera que aún tengo algo de bilis, en parte por las copas de ayer, quiero volcarlas aquí antes de que caigan en retrete roto. Ayer fuimos de cenilla navideña y acabamos en una discusión acerca de ciertos artistas sobrevalorados. Aquello me ha dejado un cierto regusto en el paladar que quiero verter sobre este, vuestro blog amigo.

-Va un post largo, aviso-

LA LISTA DE LO MÁS SOBREVALORADO DE LOS ÚLTIMOS AÑOS (en el mundo del cinema):

Primero comenzaré por una serie de directores que me parecen una tomadura de pelo. Algunos se ocultan bajo un discurso pretenciosamente despreocupado (Gus Van Sant), otros creyéndose portadores de una tradición que nunca fue suya (Ridley Scott), algunos aceptando etiquetas que les quedan muy grandes (Jude Apatow), otros se creen artistitas de tal nivel que todos somos basura (Jaime Rosales) y otros por impostores (Alejandro Amenábar).

Alguno más hay por ahí suelto pero creo que con estos vamos servidos por ahora. Empezos a verter mierda sobre ellos por mero placer y divertimento de la masa:

-Gus Van Sant: su discurso superestilizado no me va. La fotografía de sus últimas películas desde Elephant será muy buena pero sus historias son tan simples como la de tan vilipendiada Avatar y nadie dice nada. Aparte de su fijación con que todo el mundo es marica. Lo siento pero lo bonito de todo esto es que hay diversidad en cuanto a filiaciones sexuales. Sólo salvo sus primeras películas -Mi Idaho privado, Drugstore Cowboy- por demostrar una mayor maestría (hay que joderse) de los recursos cinematográfícos. Luego le salió bien la cosa de Elephant con la palma de oro en Cannes y se tiró a descansar, haciendo siempre la misma película estilísticamente. He de reconocer que no he visto Harvey Milk en donde las cosas cambian, pero el resto de truñacos no le van a salvar el culo.

-Ridley Scott: a pesar de haber realizado dos obras maestras (y el quiera discutir esto ya sabe donde encontrarme) como Alien y Blade Runner; adem´sa de una película interesante como Legend, el señor Scott ha vivido de rentas desde entonces. Sí, no me gusta Thelma & Lousie, película por la que pasan los años como por encima de Geena Davis. Desde entonces ha ganado un Oscar a mejor película con , hay que joderse, Gladiator, una tv-movie de las que gusta Defeca 3 para rellenar sus noches de fin de semana. Ha perpetrado atentados morales como La teniente O´Neil o El reino de los cielos. Ridley, amigo, déjalo. Ahora pretende hacer una precuela de Alien. Yo voy afilando las estacas que le pienso introducir por el glande.

-Jude Apatow: lo de este tío no lo entiendo. La comedia siempre ha sido un género muy perro. Lo que hoy hace gracia, mañana es chusco y soez. Y Apatow es el canidato número uno a caer bajo esta fuerza incontrolable que es el tiempo. Los críticos se postran a sus pies como slavador y renovador de la comedia. Nunca me hizo gracia y sus actores fetiche no me parecen nada del otro mundo. Menos mal que la comedia está a salvo gracias a Ben Stiller, que si no...

-Jaime Rosales: o el tipo raro que siempre posa con una actitud que dice: sí, soy artista, creador de concepto audiovisuales. El señor Rosales es una de esas personas que entran en la categoría de "celebritis chanantes" reales. Él es su mejor caicatura con ese cine concebido como pieza de museo donde la forma lo es todo y ni siquiera es una forma estimulante. Los críticos lo adorarán, pero los críticos son escoria, son el detritus de una sociedad cuyos valores han sido salvajemente violados por el capital y el snobismo, es decir, por el arte contemporáneo. Y Rosales, como una especie de Van Sant de chichinabo, es uno de sus exponenetes. Espero que se apruebe la nueva ley de cine para que nunca pille una subvención que le permita levantar otra película.

-Alejandro Amenábar: de este apropiador de lo ajeno, aprendiz de todos y mal estudiante pero hábil copista de éxamenes de reválida poco quiero decir por que todos tenemos una vida y el tipo este dá para mcho. Después de sus dos mejores películas (Tesis y Abre los ojos) nos empieza a entregar plagios mierdentos (Los otros sobre la película Suspense); un drama de sobremesa de fin de semana con trucos más que vistos (Mar adentro) y la última superproducción (Ágora)q ue no pienso ver a no ser que me la pasen pues ni siquiera pienso gastar ancho de banda en ella. Y un apunte más para cerrar, José Luis Cuerda no le produjo Tesis asi por que sí; el papá de Amenábar es una persona con pasta y amigos que ayudaron al niño a tirar para adelante.

Acabados los directores (aunque aún habría alguno más) pasemos a una serie y una película que cristalizan mis mayores acceso de vómito: Mad men y El Luchador.

La primera me parece el mejor producto a nivel visual que ha realizado televisión alguna jamás. Ni Brothers in Arms ni su puta madre en cueros. Pero está tan vacía, es tan snob decir que te gusta esa serie que me provoca arcadas. Y eso que me interesa lo que cuenta, los personajes, la época el empaque visual, pero le falta lo que hace que ames una serie (como se demuestra con ese fenómeno que es True Blood) que es el ALMA. Mad men es como una modelo sueca: perfecta, de largas piernas, de rubísmo pelo, de cuerpo esculpido por dioses, pero más insípida que chupar el pomo de una puerta. Y por desgracia para ella, existen demasías series que nos han enseñado que no hay que ser una perfección estética para ser la mejor, que buscamos algo más. Llámale encanto, sex-apeal, charme o lo que sea, Mad men carece de ella. Sólo he visto la primera temporada, pero ya la elogiaban entonces así que hago mi citca extensiva a todas las temporadas.

Y ahora vamos con el amigo Darren Aronofsky cuya mejor jugada ha sido amancebarse con ese pedazo de mujer que es Rachel Weisz. La película de El Luchador me parece un corto demasiado largo. Una historia mínima que se estira, siendo las peleas lo único interesante. Las peleas y Marisa Tomei que demuestra que está todavía muy buena a sus 45 años. Por lo demás una variante del recurso Van Sant: seguir al personaje durante minutos hasta que tengamos metraje suficiente para que sea considerada un largometraje. Y Mickey Rourke no lo hace bien, ni mal, es simplemente él mismo. Se ganó la vida como luchador de segunda vida desde su descenso a los infiernos tras su reinado en los ochenta, con lo cual su actuación no tiene nigún mérito.

Voy hacer una mención especial del jurado a la saga de El señor de los anillos, películillas torpes y carentes del genio narrativo que tanto se pregonaba en su momento. Cada año que pasa las van colocando en el lugar que les corresponde: el fondo de un río pantanoso en un cofre cubierto de cemento. No midamos la calidad de un largometraje por las dificultades que conllevaron su realización sino únicamente por el resultado.

Y para acabar voy a remitirme a un concepto del que ya os he hablado, las películas independientes (en especial de Fox Silverlight) y el otro es un concepto nuevo: los festivales de cine y los premios en general.

Los festivales de cine son ese sitio donde un grupo de personas programa las películas que les gustan y que muchos nos preguntamos como puede haber gente que inverta en eso. Además se dan premios sin ton ni son atendiendo más a razones geográficas (localismos pueblerinos) que a cuestiones cinematográficas. Salvo la Palma de Oro en Cannes, que en los últimos años ha mantenido un nivel muy alto; la mayoría de los premios se entregan al director protegido del festival de turno. Peor son los premios de las Academias sean los Goyas o los Oscar que son fruto de los millones invertidos por las productoras. Remitiéndome a la "fantástica" saga referida anteriormente, cada uno de los 11 premios recibidos por su última entrega les salieron a sus productoras (con New Line Cienma a la cabeza) le salieron en unos 8 millones de euros en regalos, publicidad intensiva y ciertos métodos de persuasión. No olvidemos que los hermanos Westein también participaron de la financiación.

Y con esto concluyo este vertido de materia fecal-corporal. Sé que no he profundizado en muchos aspectos de cada ser que pulula por este post, pero os jodeis. Si quereis más, os montais un blog y lo escribis vosotros.

Sin más, se despide vuestro más humilde recitador de verdades desde este, vuestro blog amigo.

Post Data (30-12-2009 16:47): Una reflexión para el año que viene: un travelo vestido de popera, ¿es un emo? ¿o un visual key? ¿o la reina Sofía?

domingo, 27 de diciembre de 2009

Las surfistas feminazis no saben nadar

Aquí llegó dispuesto a dejar el 2009 de la misma forma que lo empecé: dejando claro que la gente no tiene ni puta idea de nada, y punto. Los dos temas que quiero abordan son dispares pero tienen un punto de unión más evidente de lo que parece: por un lado, la nueva película de James Cameron, Avatar; por otro, mi hartazgo a nivel personal de las feminazis y todo el entramado político que las apoya. Ya vereis que piruetas doy para pasar elegántemente de un punto a otro.

-Punto 1:

Lo primero, Avatar es otra (si digo otra) obra maestra en la carrera de este cabrón con pintas que es James Cameron. Un director que todos los que trabajan a sus órdenes describen como despótico y muy cabrón pero que rueda la acción como nadie lo ha hecho. Ya sé que el argumento de la película es trivial y simple, como lo son el de todas sus películas. The Terminator no es que sea Shakespeare precisamente; ni Aliens, el regreso; ni The Abyss. Por que eso no le va al bueno de James. A él le importan una mierda los argumento complicados. Sus películas son de buenos y de malos. Desde el minuto uno sabemos que el chico se queda con la chica después de salvarla de alguna criatura o ser raro. Cierto que en Titanic no pase eso, pero en Titanic la protagonista es ella, y el tito James, en un detalle de coherencia interna, la castiga por enamorarse el bobolapicha del DiCaprio. Si hubiera tenido a Michael Biehn, la cosa hubiera sido muy diferente.

James, Jimmy para los amigos siempre ofrece lo mejor de lo mejor en cuanto acción. Incluso una película como Mentira arriesgadas, marginada y vilipendiada por críticos de medio pelo que jamás se podrían acercar a su genio ni aunque John Ford los sodomizara al son de las palmas que marcara Hitchcock, es una jodida obra maestra de ese género que parecía muerto que era la película de ACCIÓN. Por que hacía años que no veíamos una película de ACCIÓN como las de los ochenta, en donde el argumento era una escusa para pegarnos el culo al asiento y dejarnos 164 minutos (si, 2 horas y 45 minutos) embobados con una película que algunos, necios e ignorantes, se atreven (hay que joderse) a calificar de simple y bobalicona. En momentos como este me gustaría que la pena de muerta fuera restaurada.

El bueno de James, Jimmy, Jim se gusta desgranado una historia que no por simple debe ser contada con un ritmo suave. Esto no es una mierdipeli del puto Michael Awesome Bay. Esto es cine de ACCIÓN. La acción no es mover la cámara como si un jodido enfermo terminal de parkinson la llevara; no es música cañera y cámaras lentas supermegahipermolonas. El cine de ACCIÓN exige una claridad en su concepción, planteamiento y desarrollo que sólo está al alcance de muy pocos en la actualidad (ahora mismo sólo JJ Abrams con Mission: Impossible III y Star Trek, y el bueno de James Cameron). Si hay que tardar una hora en poner las cosas en marcha, se tarda una hora y punto. Además, no tarda una hora. Desde el momento en que el protagonista se introduce en su Avatar comienza el segundo acto de la película, lo cual desmonta esa teoría que la película tarda en desarrollarse. El desarrollo de la historia debe ser pausado por que no paramos en ningún momento de recibir escenas de ACCIÓN: la primera persecución; la persecución nocturna; la iniciación,... Todo está dispuesto para el ENTRETENIMIENTO, palabra que los putos magnates de Jolibú han olvidado, a pesar de ser lo más importante: por que las películas pueden hacerte pensar más o menos, pero siempre te tienen que entretener, aunque sea haciéndote reflexionar.

La revolución que pregonaba Cameron no fue entendida por gran parte del público. El tito Cameron nos demuestra que el 3D no va a modificar la forma de rodar una secuencia, sólo va a aportar una serie de elementos, que bien aprovechados, pueden ser la rehostia. Pero la película sigue funcionando en 2D como me han comentado algunos amigos. El tercer acto, con la batalla en el cielo y el la superficie del planeta demuestra como contar una batalla en dos escenarios, con múltiples puntos de atención y sin que en ningún momento nos perdamos. Todo está perfectamente hilvanado, con precisión suiza.

Otro factor a destacar es el puramente tecnológico. Los gráficos por ordenador son jodidamente impresionantes, siendo un 90% de la película pura imagen sintética. Lo que más me asombró es el sistema de captura de movimiento y expresiones que convierte a estos bichos azules en actores de pleno derecho. Los actores principales están todos perfectos en unos roles muy difíciles por tan estereotípicos como son. Tanto Sam Worthington como Zoë Saldana están perfectos en unos papeles muy difíciles por transcurrir gran parte bajo el maquillaje digital.

Y, ahora viene la pirueta, vamos a hablar de como cuida James Cameron a sus personajes femeninos, dándoles siempre la parte más importante e interesante de la película. Demuestra el bueno de Jim, Jimbo, que para el tanto el hombre como la mujer son iguales en lo esencial: seres que sufren, que aman, que luchan, que desean, que viven. Hay que notar que sus personajes femeninos son siempre fuertes, mujeres que llamamos de armas tomar o, lo que es lo mismo, mujeres sin prejuicios. Las mujeres de Cameron son reconocibles como mujeres en todo momento sin caer en el estereoptipo cutre machista. En ningún momento son hombres con tetas y vagina como las feminazis que últimamente surgen desde todos los rincones. (¿Habéis visto como hilo?) Esto nos lleva al

- Punto 2:

Las feminazis, seres con apariencia externa de mujer pero con cerebro de falangista transexual. Gente que no entiende que el problema de que un hombre le dé una paliza a su esposa no se va a arreglar por que a otra mujer se la llame Juiza o Lideresa. El problema de este grupúsculo de imbéciles es que no quieren ayudar realmente a la mujer. Si así lo quisiera, lo primero que reivindicarían es una igualdad de sueldos ante el mismo trabajo, o que ante una agresión la pena sea la misma si el agresor en un hombre o una mujer. La razón de esta última propuesta es muy simple: si aceptamos la diferencia entre el castigo recibido por una agresión de un hombre a una mujer y el de una mujer contra un hombre, estamos aceptando la debilidad de la mujer frente al hombre tanto física (que es menos discutible) como psicológica (donde no hay diferencia que discutir). La mujer ha de ser tratada igual que el hombre en todos los supuestos y casos salvo en el tema de la maternidad por un motivo obvio: las que dan a luz son las mujeres. En el resto ha de primar la igualdad. Y lo mismo en cuanto a la tutela de los hijos en divorcios y separaciones.

Pero las feminazis nunca entenderán esto. Por que ellas no luchan por los derechos de la mujer; ellas hacen méritos para que la mujer se convierta en los judíos del siglo XXI: pasar de ser considerada víctima de forma unánime, a que la gente diga algo habrán hecho. Las feminazis también tienen sus contradicciones como caer bajo el embrujo de la propaganda y la publicidad llevando conjuntos y estilos a la moda, convirtiéndose en una marioneta más de un sistema que lleva décadas tratando a la mujer como una simple tarjeta de crédito con patas.

Y con esto despedimos el año 2009. Espero que los reyes magos me traigan el cargamento de bilis que les he pedido para poder compartirlo en este, vuestro blog amigo.



Fuente de la imagen: Runtime comics.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

No estaba muerto, que estaba de parranda

Aupa a todo el mundo. Sigo sin internééééééé; pero voy a revertir la situación en breve. Mientras tanto, he ido acumulando bilis y excrecencias varias para vertirlas en este vuestro blog amigo cuando tenga una conexión como dios manda.

Nos vemos en breves, sed buenos.

Posdatas varias a modo de comentario: lo de Saw VI es para hacerselo mirar; la última de Tarantino es acojonate; la humanidad sigue mereciendo que practiquen el medievo con su culo y no por mucho madrugar te la soban con la mano.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Al final si que se va a acabar el mundo

Si se aprueba la nueva Ley del Cine (actualización: un post donde la desmenuzan un poco más: la ley del cabreo), por fin podré poner en marcha mi personal plan de ataque y derribo del cine español. Ahora resulta que lo que importa no es concebir un buen proyecto, original y bien trabajado, sino tener un buen par de ovarios (también vale tener una deficiencia mental de origen cromosómico, por que de deficientes a secas el cine está lleno) o algún rasgo que te separe de ser varón, blanco en posesión de sus facultades mentales. Por que lo que importa es que las mujeres dirijan más películas sin importar si esas películas van a tener un mínimo de calidad o de interés para el público.

Aquí voy a abrir un paréntesis para hablar de películas como Mentiras y gordas o Fuga de cerebros. Si atraen al público, yo estaré encantado por que demostrará que hay gente capaz de hacer películas que superen los prejuicios de nuestro cine y levantan películas que conectan con el adolescente medio igual que los blockbusters yanquis. Lo que no acepto es cuando se hacen películas supuestamente molonas y chachis (nótese la elección de los adjetivos) que en la puta vida van a atraer a la chavalería a no ser que se vuelva a poner de moda el jaco (que a tenido un ligero repunte) y el pegamento como drogas sociales. Cierro el paréntesis.

Lo que más miedo me da, volviendo al tema de la Ley y la discriminación positiva (¿no habíamos quedado que la discriminación es un adjetivo descalificativo?), es que en futuro nos invada una ola de cine perpetrada por ordas de clones de Isabel Coixet (lagarto, lagarto; nunca pronuncies su nombre tres veces delante de un espejo, quedáis avisados). Una saga de Mapa de los sonidos de... el Soho, Manhattan, Helsinki, París, Teruel y todos los sitios cool y con glamour que se os ocurran. Pensad que la peliculucha de la Coixet no es más que un burdo intento de explotar esa (en mi opinión) hipermegasobrevalorada postal lánguida que es Lost in Translation. Las mismas gamas crómáticas (¿en Japón existe algún color que no sea fluorescente o neón?), los mismos planos- postal super-íntimos-que-te-cagas (¿acaso un peli sobre Japón tiene que ser leeenta?), las mismas poses de los actores con cara de: no tenía que haberme comido aquel bol de pescado crudo por muy modelno que parezca.

Una ley del cine tiene que abogar por una discriminación positiva en cuanto a la calidad de los proyectos, es decir, que sólo aquellos que no huelan a truñazo desde lejos (¿alguien a dicho Rosales?) sean subencionados. Lo de los dos millones de euros y los 60.000 espectadores exigidos para recibir la pasta me parecen medio bien. Sólo medio por que podían haber rebajado el importe mínimo de una película a un millón y medio de euros (que parece poco pero son ochenta quilos de las añoradas pesetas). Lo de los espectadores me parece bien por que:

las productoras compran el mínimo de entradas necesarias para recibir la subvención (práctica habitual hasta en taquillazos). Si el mínimo sube, las productoras tendrán que rascar su bolsillo un poco más (lo siento pero ya somos mucho a vivir del Estado y hay que eliminar enemigos), el Estado recaudará más del cine y, esperemos, podrá reinventir ese dinero en aumentar las ayudas de los años siguientes. También conseguirá que las pleículas españolas aprezcan en las listas de taquilla (copadas actualmetne por pelis de fuera) con lo que les dará mayor notoriedad. Y por último una razón demasiado personal: por que la Ministra de Cultura tiene una cara que está pidiendo a gritos un bukake con todos los parlamentarios. Lo sé, parece que no tiene nada que ver, pero con decisiones como esta Ley del Cine se va acercando al sexo extremo, por lo pronto a ser soterrada bajo una tonelada de excrementos de todos los trabajadores del cine y de todos los internautas. Aunque la coprofagia parezca asquerosa, lo veo como un buen comienzo cara ese bukake (como se le llena la boca a uno cuando pronuncia la palabra bukake).

Aldeas globales

Esta semana se ha celebrado el Festival de cine de San Sebastián, el último gran festival de la temporada tras Berlín Venecia y Cannes. Aprovechando que por primera vez tenía un septiembre más o menos placentero (no había exámenes pero si algún rodaje) algunos compañeros del curso de cine nos acercamos para ver de que iba todo aquello.

Era la primera vez que me visitaba esa ciudad cuya belleza han cantado innumerables poetas y algún empalagoso juntaletras más. Decidimos ir en autobús por ser la opción más accesible por horario y precio. Y lo que me encontré allí fue una maqueta gigante de playmobil, de aquella serie de arquitectura post victoriana a la que pertenecía la casa de muñecas. Una ciudad demasiado de postal, de figurín, que transmitía las mismas sensaciones que un desfile de alta costura: mucha virguería técnica pero carente de un pulso vital que se adivina en gran parte de los pueblos de Euskadi. Todo me parecía demasiado estirado, consciente de se una ciudad escaparate (supongo por la influencia gabacha). Que no digo que sea fea, ojo, pero prefiero el pulso vital de Bilbao ante la indolencia donostiarra.

Para los gallegos es fácil identificar estas sensaciones por que es lo mismo que se siente si uno visita Vigo y La Coruña. Una es un núcleo industria construido en una imposible suerte de cuestas que hace pensar en ese sentimiento, tan vasco, por otro lado, de : aquí monto una ciudad por mis cojones y a ver quién se atreve a decirme que no hay huevos. La otra es conocida como el balcón del Atlántico, un sitio para mirar pero también para ser visto con mayor notoriedad. Todo expuesto para ser disfrutado en una primera lectura que con el tiempo se torna en el desengaño de descubrir el truco del mago- arquitecto.

Como le pasa a La Coruña, Donosti también sufre del mal de la pasarela, de haber sido concebida para ser admirada por el visitante pero no por el habitante. Aunque, y aquí llego por fin al meollo de lo que quería exponer, tenga una estación de autobuses tercermundista. Un pedazo de asfalto con una pequeña cubierta bajo la cual no me gustaría estar un día de invierno. Apenas cuenta con seis andenes sin numerar por lo que los autobuses las van ocupando según llegan, teniendo que estar atento si no te quieres quedar en tierra (como le paso a un servidor anonadado ante la broma de estación que era aquello). Las taquillas de las diferentes compañías que tiene parada allí se encuentran repartidas en un edificio cercano alrededor del cual puedes dar un par de vueltas antes de encontrar las oficinas que te interesan. Y lo peor es que esta ciudad organiza un festival de cine con visos de internacional, es decir que no sólo se programan y proyectan películas de diferentes nacionalidades sino que aspiran a atraer a turistas y curiosos venidos de fuera, en especial de Francia que está a tiro de lapo. Me pareció tan aldeano ese concepto (si habéis pasado por Xinzo de Limia o Verín, sus estaciones está mejor preparadas que la de Donosti), que me pregunté como nadie había echo nada antes.

Aunque hay que reconocerles algo a los donostiarras: son conscientes de que por su ciudad pasa un río y que, a pesar de que desemboque en el mar y sufra mareas, no es una ría, que es como los bilbaínos se refieren a su río Nervión.